
Crisis de Liquidez Financiera.
Las dificultades monetarias y financieras enfrentadas por la economías emergentes durante la crisis de 1990 la definen como una crisis de liquidez financiera, producto principalmente de 3 factores: el primero fueron los cambios estructurales implementados en estas economías; el segundo, los desequilibrios económicos que estos generaron en América Latina y el Sudeste Asiático y el tercero, se centra en el comportamiento de la tasa de interés en Estados Unidos, ya que ésta es una de las variables económicas de mayor impacto en las economías emergentes, toda vez que cambios a la baja se traducen en emigración hacia los mercados emergentes en búsqueda de mayores tasas de interés; mientras que, en caso contrario, un aumento en las tasas de interés estadounidenses hace que flujos de capitales a nivel mundial abandonen los mercados en los que se encontraban y busquen una participación de los rendimientos que se ofrecen en el mercado estadounidense. Por ello los incrementos en las tasas de interés norteamericanas pueden traducirse en serias dificultades para aquellas economías que dependen en extremo de la atracción de capital para financiar sus déficits de cuenta corriente y para el mantenimiento de su paridad cambiaria.
La Crisis:
A partir de 1993 Corea del Sur acelera el proceso de liberalización económica, el cual dio inicio una década atrás, y ello hizo que su economía fuera más vulnerable ante las crisis financiera de 1997. La transición hacia una economía de libre-mercado comercial y financiera, creo vulnerabilidad financiera, con un sistema financiero interno frágil y la sobreabundancia y volatilidad de los flujos de capitales externos que a partir de 1993 fueron atraídos a Corea del Sur.
Las reformas económicas iniciadas en 1980 privilegiaron la apertura comercial y una diversificación del sistema financiero interno con controles de capitales, mientras el sistema bancario, privatizado, pero estrechamente controlado por las autoridades, proveía a las empresas con créditos a tasas administradas. En segundo lugar, Corea, que recurrió a un endeudamiento internacional controlado para financiar su crecimiento económico de posguerra, inició un prudente proceso de apertura financiera, limitado inicialmente a una liberalización parcial de las salidas de capitales coreanos. Sin embargo, la aceleración de las reformas financieras a inicios de los años 1990, asociada al esfuerzo de Corea por entrar a la OCDE, hizo coincidir la liberalización del sistema bancario interno y una apertura asimétrica de la cuenta de capitales a flujos provenientes del exterior. Corea abrió parcialmente sus mercados accionarios a las inversiones de portafolio, siguió restringiendo el acceso a los mercados de bonos y a la inversión extranjera directa (IED) y liberalizó la contratación de deudas (préstamos y bonos) internacionales de corto plazo de parte de las instituciones bancarias locales, mientras el endeudamiento externo de las corporaciones seguía sujeto a límites. Como consecuencia, los flujos de portafolio hacia el mercado accionario y el endeudamiento externo de la banca coreana se volvieron los vehículos privilegiados para la entrada de capitales externos en el país. Entre 1993 y 1996 la banca comercial y los merchant banks (banca de inversión cuadruplicaron sus pasivos externos, utilizándolos en parte para alimentar la oferta de crédito interno a las empresas.
La alta exposición del sistema en su conjunto combinada con las carencias de la reglamentación y de la supervisión, potenciaron los riesgos producto de la contratación de préstamos internacionales denominados en divisas y elevaron la vulnerabilidad de la economía coreana frente a los efectos negativos provenientes de la economía internacional.
En 1996-1997 las empresas coreanas habían aprovechado el mayor acceso al financiamiento para seguir un proceso agresivo de expansión que llevó a la sobreinversión en varios sectores exportadores, y elevó su endeudamiento. El creciente endeudamiento en divisas limitaba la capacidad de rescate de parte del gobierno coreano. En el plano macroeconómico, la vulnerabilidad financiera externa de la economía era puesta en evidencia por el alto nivel de sus deudas de corto plazo y a partir de 1996, por un amplio déficit en cuenta corriente asociado a un deterioro del valor de sus productos de exportación.
La banca coreana, principal intermediaria de los flujos de capitales que entraron al país, y muy expuesta a los conglomerados, estuvo en el epicentro de la crisis de 1997: el deterioro de las ventas internacionales de conglomerados altamente endeudados y las quiebras empresariales de la primera mitad del año, propiciaron la salida de los flujos de capitales y la crisis de balanza de pagos de octubre de 1997. Ambos eventos materializaron los riesgos a los cuales el sistema bancario se hallaba expuesto, así como los límites de la capacidad de rescate financiero del Estado coreano en un contexto financieramente más abierto.
La respuesta del gobierno coreano a la crisis, que se dio en el marco de un plan de ajuste financiado por el Fondo Monetario Internacional, consistió en una reestructuración empresarial y financiera conjunta emprendida bajo la tutela estatal, una modificación de las relaciones Estado-empresas-bancos que significó la desaparición de elementos centrales del modelo económico de posguerra, y el fortalecimiento del marco regulatorio y de la supervisión. Por su lado, la profundización de la apertura financiera incluyó la flexibilización de la inversión extranjera directa en el país, la apertura plena del mercado accionario y de los mercados de bonos a la inversión de portafolio y la liberalización del mercado de cambios. Corea abandonó el régimen de tipo de cambio fijo y adoptó un tipo de cambio flexible, a la vez que una política monetaria basada en metas de inflación.
¿Qué viene después de la crisis?
Las reformas financieras coreanas han logrado fortalecer la banca y la esfera financiera del país, resolviendo las debilidades puestas en evidencia por la crisis de 1997. El conjunto de medidas ha logrado disminuir los riesgos que existían en 1997 en el sistema bancario interno, que ha enfrentado la crisis de 2008 en condiciones más sólidas que en 1997.
En primer lugar, el sistema bancario se ha consolidado pues han desaparecido las instituciones más débiles y menos reglamentadas las instituciones sobrevivientes se hallan mejor capitalizadas y supervisadas. En segundo lugar, la reforma corporativa ha logrado disminuir el endeudamiento de las empresas coreanas, en especial de las más grandes. En tercer lugar, este menor apalancamiento corporativo ha ido asociado a una disminución de la exposición del sistema a los chaebol o conglomerados, ya que los bancos comerciales orientaron sus recursos principalmente hacia los hogares y las pequeñas y medianas empresas (pymes). En cuarto lugar, se ha fortalecido el grado de control extranjero de la banca comercial de menudeo, y esta consecuencia notable de la reestructuración financiera y de la apertura del sistema ha sido considerada en los círculos financieros internacionales como un elemento modernizador y estabilizador, que contribuiría a elevar el estatus internacional y reducir el nivel de riesgo del conjunto del sistema bancario doméstico.