Corea un caso único de industrialización y crecimiento
En primer lugar, consiguió pasar, en sólo una generación, de la pobreza a la prosperidad. Su PNB per cápita en poder adquisitivo constante, que era de apenas US$ 87 en 1962, superó la barrera de los US$ 10.000 a mediados de la década pasada.
Desde su primer impulso hasta antes de la crisis, en el período 1963-95, la tasa de crecimiento promedio anual del Producto Interno Bruto (PIB) fue de 8%, mientras que la del ingreso por habitante superó el 7%, incrementos que le permitieron a Corea multiplicar por 12 y por 7, respectivamente, esas dos magnitudes. Sus exportaciones, que ascendían a sólo US$ 500 millones en 1962, superaron los US$ 129.000 millones en 1996.
Corea no sólo creció, sino que además se industrializó y se convirtió en una potencia media comercial en el lapso de treinta años. La gran paradoja detrás de este milagro, es que fue conocida, hasta fines del siglo XIX, como el Reino Ermitaño. Casi completamente aislada del resto del mundo y bajo protectorado chino, Corea era esencialmente una sociedad agraria estrictamente subordinada a un estrecho círculo aristócrata y patrimonialista.

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